jueves, 30 de agosto de 2007

Para un primero de septiembre estando lejos

El padre que tengo sentado aquí al lado me acompaña siempre. Cuando entré en el mundo del mundo empezó a dotarme. Al hablarme claro, al cantarle a mi madre y tocar la guitarra al lado de su cama, al oír cantar en francés, español, italiano, portugués conjuraba al mundo. Al jugar conmigo, al seguirme el juego, al enseñarme a pintar, con espátula y pincel, y al educarme me endosó ideas, me reveló belleza, me generó impresiones, provocó aficiones, estimuló certezas, prejuicios y dudas. Del mundo me dio la sed. Cuando niño y aun ahora me mantiene siempre en vilo, con esa angustia abdominal que da el ser arrojado al aire para ser luego cachado en brazos al caer. Me embrujó las manos con las ganas del hacer y la calavera con las de saber.
De la tierra y del cielo me enseñó colores, me dio imágenes en cuadros oliendo a goma y linaza, en fotografías con esencia a cuarto oscuro de esperas largas a la luz ámbar, en visitas a museos y galerías, en viajes al mar, a su único dios mar, en libros que no disimuló, en los jardines que cuidamos juntos, que podamos, que barrimos. Me enseñó a trabajar con las manos y algo con la cabeza, en las puertas de casa que hicimos, cortando con serrucho, limando con la escofina, clavando clavos, midiendo y equivocándonos una y otra vez, para siempre aprender. Me reveló esta tierra y su cielo en su estudio taller, que es como corazón de casa donde late la acción que lo mantiene en vida, me tuvo hechizado por infinitas horas, dibujando futuros, esculpiendo amistades, escribiendo tareas, aquellos periódicos de fantasía, planos y maquetas de proyectos míos, luego suyos, luego nuestros. Me dejó ver el mundo que ahora siempre me espera, que me llama y me espera para seguir viviendo.
A los otros del mundo me presentó con celo, cuidado y transparencia, a veces desconfianza. A los hermanos primero nos soldó con mi madre, por siempre con esa fuerza extraña y a la vez familiar que regala la risa cómplice de bromas amasadas de inteligentes ironías y simplezas baratas. Fuerza que surge igual de discusiones bizantinas que con rodeos mundiales atracan en concilio, en acuerdo y en ocasiones en muda aceptación del diferente, del inconforme, del fatigado. A los prójimos, a aquellos los otros, me arrojó generoso a cultivar la incomparable milpa del sentirse amigo, al dar junto al pan y al vino aquellas cuatro orejas con que él y mi madre nunca, si no en fatiga extrema, han rechazado voz alguna.
De dioses por suerte no me dijo nada. Bastante halla uno, o nada, qué decirse al respecto para quedar callado. De sus credos a secas la honestidad escojo, severamente recitado en la labor arremetida. Y lo perfeccionista en voluntad hasta el detalle al límite, aun cuando sigue siendo humano el resultado. Y su modelo de accesible cordialidad acomodada en órbitas de intensidad concéntrica, que se protege detrás de esa seriedad que la enmascara.
Con eso y más sin duda me armó caballero, para pelear ingenuo por fundir este nuestro mundo con aquel otro donde ya ni hay molinos. Para saber que es la pelea y lo cruento de ella lo que vale. Me enseñó todo un mundo con su gente y sus cosas pero no me ató al suyo, para dejarme creer que labro el mío en la ilusión pueril de caminar solito. Hoy me dobla la edad, nunca lo había hecho. Y así como a mi lado lo siento en cada paso, así me gustaría hoy aquí tenerlo. Y pegarle un abrazo de esos con que se exprimen lágrimas de aquellos corazones que fingimos duros, para no llorar cuando algunas de sus mitades están lejos.

2 comentarios:

luisjorgearnau dijo...

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Luis Jorge

Luis Jorge Arnau dijo...

Me parece injusto que un mensaje de este tamaño se pierda en la enorme carga de información que ya tiene El Shock, cuando, no sólo la belleza estética (evidente), sino la carga emotiva y la verdad acumulada merecen 10 columnas (8 son insuficientes) y merecen un espacio estelar para leerse y releerse, para que quienes conocemos al padre ratifiquemos el texto y quienes no lo conocen lamenten esa falta.

Creo que el autor describe el Evangelio según Fidel Primero de una manera que, más que punual, te agarra del cogote y te retuerce la sensibilidad de manera agradecible.

A veces la red tiene tesoros, este texto es uno. A veces la paz llega a cucharadas, esta vez me llegó intravenosa. Gracias.

Luis Jorge Arnau